Estos son tiempos de defender la soberanía de la nación cubana

Las protestas ocurridas el pasado 11 de julio en varios lugares de Cuba son sin dudas las manifestaciones de descontento más grandes ocurridas en la historia de la revolución cubana. Aunque mucho se ha escrito sobre ellas, sus heterogéneas naturalezas y causas, no se ha escrito suficientemente sobre el hecho de que lo sucedido antes, alrededor y posterior a éstas evidencia la necesidad y urgencia de defender la soberanía de la nación cubana.

El pueblo cubano está en una situación sumamente compleja; quizás comparable a la caída del campo socialista a inicios de los noventa, porque aunque la caída del PIB es menor (11% en 2020 vs. 14% en 1993, 35% en tres años) ésta se monta sobre décadas de crisis y carestías acumuladas desde entonces. Con prácticamente cero turismo (por la pandemia), muy baja exportación de servicios (por las presiones de EE. UU. sobre gobiernos que se atrevieron a ser soberanos en sus relaciones con Cuba), y significativa disminución en la entrada de remesas (una de las más de 240 medidas impuestas por Trump contra Cuba), sus principales fuentes de ingresos están bien deprimidas. Faltan divisas para importar alimentos y medicinas, así como insumos para su producción, para comprar piezas de repuestos para la generación eléctrica, y un largo etcétera. El gobierno cubano ha tenido que incurrir en grandes gastos para enfrentar la pandemia, para la producción de varias vacunas1 y otros tratamientos contra el covid-19, la hospitalización y aislamiento institucional de miles de personas, campañas de rastreo de contactos, etc. Los “tiburones” de Florida y Washington DC huelen sangre de un animal herido en un mar revuelto al que piensan que pueden vencer si solo aumentan su cerco y su sufrimiento.

La complejidad de la actual situación es una de las pocas cosas en que están de acuerdo los que hoy atacan al gobierno de Miguel Díaz-Canel y los que le defienden. ¿Qué parte de la culpa de la grave situación económica actual de Cuba le corresponde a la gestión económica del gobierno de Miguel Díaz-Canel —y, dado que éste solo asumió a finales de 2019, del anterior gobierno de Raúl Castro e incluso de Fidel Castro— versus al entramado de sanciones económicas, comerciales y financieras que ha impuesto EE. UU. sobre Cuba y el mundo (por su carácter extraterritorial)? Poniendo los efectos de la pandemia a un lado, que ya por sí han sido suficientes para provocar caídas de las economías y sistemas sanitarios de hasta países ricos, lo que sí no le debe caber duda a nadie con un mínimo de raciocinio y honestidad, es que lo que en Cuba llamamos el bloqueo (incluyendo las +240 medidas de Trump) tiene una gran responsabilidad por la actual situación en Cuba.

Con prácticamente cero turismo, muy baja exportación de servicios por las presiones de EEUU, y significativa disminución en la entrada de remesas (una de las +240 medidas impuestas por Trump), sus principales fuentes de ingresos están bien deprimidas.

El casi absoluto apoyo que tiene la demanda cubana de levantamiento del bloqueo en la ONU significa que la mayoría de los dirigentes del mundo entienden que es contrario a las normas de convivencia entre países, y una barrera real e importante (según el gobierno cubano la principal) para el desarrollo de una pequeña nación. Es difícil imaginar que otro país, incluso con mayores recursos naturales y con industrias mucho más avanzadas, hubiese podido resistir los embates de tales sanciones que buscan –según reconocen explícitamente sus idearios2– provocar la asfixia económica del pueblo cubano y que se levante contra el gobierno. Para los que no conozcan sobre el bloqueo y que –ante tantos planteamientos que niegan su existencia o que lo naturalizan como algo inevitable– duden sobre su impacto sobre las familias cubanas, recomiendo leer el estudio reciente (mayo 2021) de la Oxfam “Derecho a Vivir Sin Bloqueo: Impactos de las sanciones de Estados Unidos en la población cubana y la vida de las mujeres.”3  En pocas palabras, el objetivo explícito del bloqueo es rendir por hambre, enfermedad y desesperación al pueblo de Cuba. Y es precisamente por esto que la administración Biden ha decidido mantenerlo en medio de una crisis económica y emergencia sanitaria globales.

Pero el bloqueo es solo una parte de todo lo que los gobiernos de EE. UU. han hecho para derrocar la revolución cubana desde sus primeros días. Están además las acciones encubiertas de sabotaje y de todo tipo4, el discurso de “dictadura” que le imprimen a los grandes medios para justificar su política de cambio de régimen, y los millones que cada año destinan a esta política administraciones tanto republicanas como demócratas5. Este financiamiento ha servido más que nada para mantener vivas organizaciones sobre todo en Florida cuyo objetivo es derrocar al gobierno de Cuba, y para premiarles con una desproporcional influencia en el sistema político de Florida y todo EE.UU. Es esta “industria de cambio de régimen en Cuba” no solo la que implementa la política (incluyendo acciones encubiertas), sino también la que fabrica los pretextos y produce fuertes presiones para mantener el diferendo entre Cuba y EE. UU., contrario al interés de la gran mayoría de la población de EE. UU.; e incluso de la mayoría de los cubanoamericanos, antes de que Trump comenzara a “empoderar” a los sectores más reaccionarios y violentos.

¿Será que las administraciones de EE. UU. mantienen su política de cambio de régimen hacia Cuba porque responde a los intereses y aspiraciones del pueblo cubano? Solo una pequeñísima minoría de cubanos aprueba que EE. UU. interfiera en asuntos internos cubanos: aquellos que reciben su financiamiento o les gustaría recibirlo. Por una cuestión de dignidad y conocimiento del rol que ha jugado EE. UU. en la historia de la nación cubana, la gran mayoría se opone a la política de cambio de régimen de EE. UU. hacia Cuba. También porque somos las cubanas y cubanos las principales víctimas del bloqueo, de agresiones biológicas y otras acciones encubiertas.6 El bloqueo no solo hace difícil el comercio a las instituciones estatales, sino que también limita el comercio de los actores no estatales, y las relaciones con familiares fuera de Cuba. El bloqueo impide a los cubanos la apertura de cuentas bancarias en EE. UU., el uso de tarjetas de crédito en otros países, el acceso a servicios online, software y tecnologías, entre otras prohibiciones o limitaciones que hacen la vida cotidiana más difícil. La gran mayoría de los cubanos desde hace mucho tiempo sabe que el objetivo del bloqueo y la política de cambio de régimen de EE. UU. hacia Cuba no es avanzar los intereses de las cubanas y cubanos, pues cada día se evidencia como la violación más grave de sus derechos humanos básicos y porque EE. UU. no tiene precisamente un récord de avanzar la democracia en la región sino todo lo contrario. Solo aquellos cubanos que desconocen el rol que ha jugado EE. UU. derribando gobiernos populares elegidos democráticamente y apoyando a dictaduras sangrientas en el mundo, pueden quizás creerse el discurso de defensa de la democracia y derechos humanos que hipócritamente han usado los gobiernos de EE. UU. para justificar su política de cambio de régimen hacia Cuba.

Así, a pesar de la oposición de la mayoría de los estadounidenses y de los propios cubanos, esta industria de cambio de régimen en Cuba, junto con sus aliados o instrumentos dentro del país, intenta aprovechar la difícil situación para dar un golpe que, ellos esperan, esta vez sí sea certero. Desde que comenzó la pandemia y en los últimos meses han aumentado el financiamiento para apoyar a artistas y sociedad civil “independientes”7. La emergencia de la campaña SOS Cuba antes de que en Cuba la pandemia estuviera lejos de tornarse crítica y su rápida “viralidad”, junto con lo que ha sido revelado sobre pasados intentos fallidos, evidencia que personas y organizaciones conectadas con esta “industria” usan los medios sociales como armas de guerra no convencional (mediante algoritmos y bots) para manipular la opinión mediante información falsa o exagerada, y convocar así a protestas e incluso –explícita o subliminalmente— a actos violentos incluyendo el asesinato8.

El casi absoluto apoyo que tiene el levantamiento del bloqueo en la ONU significa que la mayoría de los dirigentes del mundo entienden que es contrario a las normas de convivencia entre países, y una barrera real e importante (según el gobierno cubano la principal) para el desarrollo de una pequeña nación.

Por todo esto, a nadie debería haber sorprendido las protestas del 11 de julio en Cuba. Condiciones objetivas han existido para ellas desde poco después que Trump arreció el bloqueo a finales de su primer año (2017), con la excusa de los supuestos ataques sónicos (a los que insisten en llamar “El Síndrome de La Habana” aunque se hayan descubierto similares ataques incluso a pocos metros de la Casa Blanca). Que existían condiciones objetivas para el descontento es obvio cuando se considera las colas interminables para comprar alimentos, y el hecho de que —en un momento en que sin turismo y remesas desde EEUU casi no entran divisas al país— el gobierno cubano se haya visto forzado a establecer tiendas en divisas para productos de primera necesidad. Esta situación es resultado también de políticas económicas que han limitado el desarrollo de la producción agropecuaria y la industria nacional (con la excepción de la industria biofarmacéutica), haciéndonos por tanto demasiado dependientes de las importaciones de bienes.

El gobierno de Díaz-Canel y sus predecesores están lejos de ser perfectos, sobre todo en cuestiones de gestión económica y —a partir del gobierno de Raúl Castro— también en política social para superar la pobreza y la creciente desigualdad. Existen también rigideces y limitaciones en nuestro sistema político-administrativo que no permiten una participación protagónica de las personas en el diseño, implementación y control de la gestión pública. La política estadounidense de cambio de régimen en Cuba es quizás el mayor impedimento para que los cubanos dejemos de vernos –con mucha razón– como una plaza sitiada en la que no tenemos otra alternativa que limitar ciertos derechos políticos universales para mantener o lograr el bien común9. No obstante, el plebiscito sobre la nueva Constitución que tuvo lugar en 2019, ratificó que la gran mayoría del pueblo cubano (90% de los votantes, con 84% de participación, para un 87% del total de electores10) aun apoya el sistema socio-político escogido. Los problemas de la sociedad cubana son muchos, como también los son en la mayoría de los países. Sin dudas, las violaciones de los derechos humanos en Cuba son mucho menos significativas que las que suceden entre los aliados más cercanos de EE. UU. como Arabia Saudita, Israel, Colombia y Honduras. Ninguna persona honesta puede realmente pensar que las deficiencias de los gobiernos cubanos justifican la política de EE. UU. hacia Cuba.

Desgraciadamente, ya es obvio que el gobierno de Biden no solo no va a cumplir con su promesa de campaña de retomar el camino hacia la normalización que comenzó Obama, sino que va a endurecer aun más la política hacia Cuba. Está claro que, por lo menos hasta su segundo mandato, no va a siquiera eliminar las restricciones a las remesas que impuso Trump que no sea bajo una fuerte presión sobre todo de los votantes estadounidenses. Esta posición tan hipócrita y despiadada hacia los cubanos puede explicarse fundamentalmente por el hecho de que el senador demócrata Bob Menéndez, enemigo de la revolución cubana que nos culpa de los avances de la izquierda en la región, tiene demasiado poder como Jefe del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, y Biden –ante una correlación de fuerzas bien estrecha en el Senado– necesita tenerle a su lado para lograr sus prioridades domésticas11. Así, los ciudadanos del mundo y los países que se oponen al bloqueo –sobre todo los países europeos y otros aliados de EE. UU.– deberían hacer oír sus voces como lo hizo el presidente de México Manuel Lopez Obrador, en su llamado a convertir en hechos la oposición al bloqueo.

Ya es obvio que el gobierno de Biden no solo no va a cumplir con su promesa de campaña de retomar el camino hacia la normalización que comenzó Obama, sino que va a endurecer aun más la política hacia Cuba.

Es comprensible que una protesta en Cuba sea una gran noticia que requiere amplia cobertura, pues no había habido protestas desde los noventa y estas han sido las más grandes desde el triunfo revolucionario. Lo curioso es que unas protestas de una decena de miles –algunos dicen hasta cien mil— de personas por un solo día, grandes para Cuba pero incomparables con las ocurridas este mismo año en otros países, hayan sido exageradas como protestas cuyos líderes u organizadores representan a las grandes mayorías de los cubanos. Lo que debería llamar la atención es que incluso medios que se presentan como objetivos se hayan sumado de una forma tan burda a la campaña de manipulación contra la revolución cubana, presentándolas siempre como totalmente pacíficas y espontáneas, y exagerando su número y la respuesta de la policía y autoridades12.

Lo que duele es que personas de izquierda se hayan sumado al coro que condena al gobierno cubano por supuesta represión desmedida de las protestas, así como supuestas desapariciones forzosas y tortura, cuando han tenido que ser demasiado creativos en sus evidencias. En momentos de caos los policías —como seres humanos probablemente nunca antes expuestos a situaciones similares— pueden haber cometido errores, y probablemente el sistema judicial cubano debería ser más transparente. Pero denuncias de violaciones masivas de los derechos humanos solo sirven para alentar los egos de algunos y para proveer de arsenal a los que realmente nada les importa los derechos de las cubanas y cubanos. También duele que algunos hayan desvirtuado el “llamado al combate” de Díaz-Canel que fue un llamado a defender la revolución y no a la violencia entre cubanos13. Un análisis serio de lo que dijo ese día y lo que ha dicho después demuestra que nunca fue su intención. Lo triste es que esta manipulación ha sido asumida por gente de izquierda para restar apoyo al gobierno cubano en momentos en que más lo necesita.

Podemos debatir si el actual gobierno de Díaz-Canel continúa realmente comprometido con la construcción del socialismo o con lograr una mayor justicia social, pero nadie tiene razones para dudar de su defensa de la soberanía cubana. La realidad de la sociedad cubana es compleja y, como todo proceso revolucionario, la revolución cubana tiene contradicciones y promesas incumplidas. Pero toda persona que estudie de forma desprejuiciada la historia revolucionaria encontrará evidencias de sobra que la revolución cubana ha mantenido su compromiso —no solo en lo discursivo sino en la práctica— de construir una sociedad alternativa al capitalismo que permita alcanzar la justica plena, y ha sabido mantener el apoyo mayoritario aun cuando se hayan cometido errores como han reconocido los propios líderes. El apoyo puede y debe venir en la forma de críticas constructivas, pero debería evitar aliarse con aquellos que tienen como objetivo derrocar al gobierno cubano. Las decisiones sobre qué sistema político y cuáles gobernantes tener les corresponden a las cubanas y cubanos, sin injerencias extranjeras. Estos son tiempos de sumarle apoyo a la revolución cubana, como proceso de transformación social que le ha traído al pueblo cubano, cuando menos, verdadera independencia y soberanía.

1 En la actualidad, tres vacunas, Abdala, Soberana 02 y Soberana Plus, ya han sido aprobadas (tras demostrar 93 y 92% de efectividad) para uso de emergencia. Existen otras dos vacunas en desarrollo.
2 https://www.clacso.org/estados-unidos-la-administracion-trump-y-su-guerra-economica-contra-cuba
3 https://policy-practice.oxfam.org/resources/derecho-a-vivir-sin-bloqueo-impactos-de-los-sanciones-de-estados-unidos-en-la-p-621191/
4 https://www.ecured.cu/Acciones_de_la_CIA_contra_Cuba ; https://twitter.com/MemoriaDenuncia
5 http://cubamoneyproject.com/2021/05/29/biden/
6 https://www.medigraphic.com/pdfs/revcubtecsal/cts-2012/cts121d.pdf
7 https://thegrayzone.com/2021/07/28/contrarrevolucion-cubana-raperos-artistas-gobierno-ee-uu-catalizadores-protestas/
8 https://www.mintpressnews.com/documents-point-to-us-hand-in-cuba-protests/277987/
9 http://cubarte.cult.cu/revista-temas/juan-valdes-paz-el-socialismo-no-puede-posponer-la-democracia-que-ha-prometido/ Asimismo, al hablar de un sistema político pluripartidista sin tener en cuenta las implicaciones de la política de EEUU de cambio de régimen, están siendo demasiado ingenuos o malintencionados. Sí debemos hablar de un partido realmente democrático, y de mayores libertades de asociación.
10 http://www.granma.cu/reforma-constitucional/2019-02-25/cuba-dijo-si-por-la-nueva-constitucion-25-02-2019-16-02-47
11 https://www.nytimes.com/es/2021/08/09/espanol/cuba-politica-biden.html  https://responsiblestatecraft.org/2021/07/21/biden-stalls-on-reinstating-cuban-remittances-for-no-good-reason/
12 NYT, CNN entre muchos otros medios usaron imágenes de otros países o de demostraciones en apoyo al gobierno como si fueran de las protestas contra el gobierno cubano. http://www.cubadebate.cu/noticias/2021/07/18/cronica-de-la-infamia-rosario-de-fake-news-contra-cuba/
13 http://www.cubadebate.cu/noticias/2021/07/11/miguel-diaz-canel-comparecera-en-cadena-de-radio-television-a-las-400-pm/

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